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Escuela de tiro para niños de Lyón 

   Este reportaje apareció originalmente en la revista Interviú, del cual fue extraído y comentado en foros de Internet. Es un buen ejemplo de como el tiro olímpico puede ayudar (y mucho) a la capacidad de concentración y estudio de los más jóvenes. 

Escuela de tiro para niños.

En Interviú viene un sensacional reportaje dedicado a la Escuela de Tiro de Lyón (Francia) para infantiles, juveniles y juniors, que por su gran interés reproducimos para ustedes, y en el cual se puede comprobar cómo se hacen los futuros campeones.
La presentación en sí es demagógica por parte de la revista Interviú, pero el trabajo viene a desvirtuar el comentario inicial Este dice lo siguiente:
“Es el último grito de la moda francesa en pedagogía. Una escuela en Lyón facilita armas a los niños para que se hagan maestros en el disparo. Y así se hace -dicen- para provocar justamente el efecto contrario: que los chavales se relajen y pierdan la noción de las armas como instrumento de muerte- En unos días en que el juguete bélico desencadena discusiones hasta en el séquito de los Reyes Magos, abrimos aún más la polémica. ¿Estamos ante una experiencia progresista o ante una fábrica de futuros ‘chacales?
Brutal no! la pregunta que se hace Interviú y que solamente encaja en mentalidades arcaicas y ver a un asesino en cada portador de armas. Pero el reportaje se encarga de sacar de dudas a los que así piensan y reafirma las excelencias del tiro como deporte educativo y con grandes valores personales y humanos.
El reportaje está firmado por Evelyn Mesquida, y empieza así:

“ si un rifle, una escopeta, una pistola sirviera para algo bueno? ¿Y si aprender a disparar educara? ¿Y si un arma sirviera para otra cosa que para matar ? ¿Y si, como piensa Louis García, fuera un excelente medio de formación para los niños?

No estás muy convencido de todo esto cuando entras en la escuela de Lyón, donde cada semana varias docenas de jóvenes entre siete y diecisiete años -chicos y chicas- siguen cursos de tiro con armas reglamentarias.

Hemos querido asistir a una de estas clases exclusivamente para jóvenes. Hemos charlado con ellos y todos se muestran encantados de lo que consideran un excelente deporte. Todos encuentran algo bueno en esta disciplina y ninguno me ha dicho que considera estas armas como un peligro.

El precursor de esta escuela lionesa es un hombre afable y cortés, de ascendencia española. Su abuelo era un robusto leñador extremeño.

- Mi abuelo y mi padre salían mucho de caza. Yo me acostumbré desde muy pequeño a las armas de fuego y siempre supe llevar mucho cuidado con ellas. Sabía que eran muy peligrosas
Alrededor de los años 30, sus padres emigraron a Francia. Su padre murió en el maquis francés y él mismo militó en la Resistencia. Había aprendido a tirar bien. El sabe -dice a la reportera- que las armas matan, pero está convencido de que sirven para otras cosas también, de que pueden ser útiles y tan inocentes como puede ser un balón.

-
Pero el balón no suele matar, le dice la autora del reportaje.

- Ni un arma tampoco-dice García-, sino la utilizas para matar y esto es lo que hay que tener en cuenta, que arma y muerte no tienen que ser sinónimos.

-
Pero puede haber un accidente, insiste la autora.”

La contestación de Louis García es aleccionadora. Analícenla ustedes:

En un momento determinado, Francia quiso prohibir la venta de armas porque había habido muchos accidentes- En Francia, en España y por todos los sitios, hay muchos accidentes de coches y muchos muertos y no por eso prohíben o paran la fabricación de automóviles. Los cuchillos también matan. Se han cometido muchos crímenes con cuchillos y ha habido accidentes, ¿dejamos por eso de ponerlos cada día sobre la mesa, de utilizarlos? Todos aprendemos en seguida que el cuchillo corta y que no se puede ni se debe jugar con ellos. Con un rifle o pistola tiene que ser igual.

Dice más adelante que el deportista aprende a controlarse, que conoce su fuerza y los peligros, sabe lo que debe o no debe hacer. Como los judokas, karatekas o boxeadores, que no se sirven de su fuerza contra nadie fuera de su entrenamiento -salvo raras excepciones- y que aprender a tirar es exactamente lo mismo que aprender a conducir.

- Un arma no es más peligrosa que un coche, que una moto o que unos patines.

-
¿Y si fuera útil para canalizar otros instintos ?.

- No, Los que quieren un arma para matar jamás vendrán a estas escuelas. En caso extremo vendrán una o dos veces, nunca más. No les interesa. El tiro es una disciplina muy difícil y es necesaria una gran concentración y una voluntad de superación así mismo. Usted misma acaba de tirar. La tercera vez lo ha hecho mejor que la primera, pero para eso ha tenido que concentrarse, tratar de olvidarnos. Un alumno, por muy joven que sea, aprende muy pronto que nunca debe salir de la escuela con el arma cargada. En seguida se les enseña el reglamento y si continúan las clases, nadie comete imprudencias, inmediatamente adquieren la disciplina necesaria. La juventud lleva consigo una enorme fuerza y bastante agresividad. El deporte ayuda a quemar o a aprovechar esa energía. El tiro puede ser uno de esos deportes.
El tema es tan importante para el tiro español y el alcance tan positivo que debemos comprender de este reportaje lo mucho que se puede hacer como promoción y educación juvenil, según señala el entrevistado, pero no queda ahí la cosa, lean con detenimiento lo que sigue, porque el reportaje no tiene desperdicio.

Escribe la autora a continuación:
Hace ocho años que García lucha porque todos los niños que lo deseen, previa autorización de sus padres, aprendan a tirar y sueña con que un día sea una de las asignaturas en el colegio.

- Yo creo -dice García- que cuando los responsables gubernamentales se den cuenta de la importancia de enseñar a los niños el dominio y la seguridad de las armas se habrá ganado una gran batalla: la de no ver un arma como objeto de destrucción, sino de formación.

A la pregunta de,
¿por qué considera esto tan importante?, el profesor dice:
- “Por qué es una excelente forma de desarrollar la voluntad No hay concentración y reflejos sin voluntad. Disparar es un trabajo individual, una superación de sí mismo, un control personal que puede ayudar mucho al niño. Los niños vienen dos veces por semana y el día que tiran los familiares consta tan que están mucho más tranquilos, más serenos, duermen mejor. Incluso a nivel escolar hay éxitos espectaculares Los mismos profesores dicen de los niños que aprenden a tirar, quince días después trabajan mejor. Ellos lo dicen y yo lo afirmo, un niño que aprende a tirar bien consigue un control de sí mismo que puede ayudarle enormemente en los exámenes, por ejemplo. Aprender a tirar, calma. Pueden salvar un examen por haber conseguido un gran control de sí mismos.

- Las familias están contentas al cien por cien. Todos, pero sobre todo las madres, que son las que normalmente tienen más miedo de que sus hijos utilicen armas.

- Para venir a tomar clases se lo comentan unos a otros y un día se deciden a traer a sus pequeños. Los monitores charlan con ellos, les explican, los inician y es raro el que no se apasione en seguida. Los pequeños tiran con carabina de aire comprimido.